Los amortiguadores de los aviones, excepto raras excepciones, no llevan incorporados muelles. No son amortiguadores realmente, sino que controlan las cargas.

Constan básicamente de un cilindro exterior, la pata del tren de aterrizaje, y otro interior al que va unida la rueda.

Interiormente existen dos cámaras de volumen variable, una de aire a presión y otra con líquido hidráulico. Estas dos cámaras están unidad a través de un orificio. Dentro de este orificio, y sujeto al cilindro interior se desplaza una aguja reguladora que controla el paso del líquido hidráulico de una cámara a otra.

Con el avión en tierra el amortiguador está extendido lo necesario para absorber las cargas ejercidas sobre el tren de aterrizaje cuando se desplaza el avión y el líquido hidráulico permanece en la parte inferior.

Cuando el avión despega se extiende el amortiguador y, al disminuir el tamaño de la cámara del líquido, éste es forzado a pasar, a través del orificio cuyo paso está controlado por la aguja reguladora, a la cámara de aire. De esta forma se consigue que el amortiguador se extienda suavemente.

En el aterrizaje ocurre lo contrario, la cámara del aire se reduce al comprimirse el amortiguador y el líquido pasa a su cámara, también a través de orifico controlado por la aguja reguladora. De esta forma se absorbe el impacto del avión contra en suelo.


Para evitar el giro del cilindro interior, ambos cilindros van unidos por medio de una tijera.

La descripción corresponde al amortiguador básico, a partir de este principio los amortiguadores se hacen cada vez más complicados. 

Como complemento, en el amortiguador de la pata de morro va incorporado una leva autocentrante que, al extenderse encaja de forma que la rueda de morro no entre atravesada en su alojamiento. 













Autor: Santiago Fernández Ramón

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